¿Y después del Mundial, qué?
Mtro. Cristhian B. Córdova Azuela
Director Staff de Vinculación y Comunicación Institucional
Durante unas semanas, el país parece ir al mismo ritmo, como organismo sincronizado: las conversaciones giran en torno a los mejores jugadores, las oficinas y las escuelas hacen pausas para ver los partidos, las familias y amistades se reúnen frente a la televisión, las plazas públicas con pantallas están a reventar de gente, las redes sociales se llenan de mensajes de aliento y, por un momento, millones de personas experimentamos algo que no ocurre con frecuencia: sentirnos parte de una misma historia.
El fútbol tiene esa capacidad extraordinaria, nos recuerda que, más allá de nuestras diferencias, existen emociones (y pasiones) capaces de convocarnos. Incluso si no somos fans de este deporte, el momento nos contagia: nos emociona un gol, sufrimos una derrota, celebramos una victoria y descubrimos que compartir un mismo anhelo puede generar comunidad.
Pero el Mundial también se termina, y entonces vale la pena hacernos una pregunta: ¿qué hacemos con toda esa energía colectiva cuando suena el último silbatazo?
Porque la verdadera fortaleza de una sociedad no se mide únicamente por la pasión con la que celebra un evento deportivo, sino por su capacidad para mantenerse unida frente a los desafíos cotidianos. El entusiasmo, la solidaridad, el sentido de pertenencia, la hermandad con personas desconocidas que afloran durante estas semanas no son emociones exclusivas del deporte, son capacidades humanas que también deben ponerse al servicio de las causas que más nos necesitan.
México enfrenta heridas profundas que no desaparecen cuando termina un torneo: miles de familias siguen buscando a un ser querido desaparecido; comunidades enteras trabajan para reconstruir el tejido social frente a la violencia; organizaciones civiles sostienen, muchas veces con recursos limitados, proyectos para acompañar a personas migrantes, proteger el medio ambiente, defender los derechos humanos o garantizar oportunidades educativas para quienes menos tienen.
Todas estas causas necesitan algo muy parecido a lo que vemos durante el Mundial: personas dispuestas a colaborar, confiar unas en otras, sumar esfuerzos y creer que el trabajo colectivo puede transformar la realidad. Entonces, lo más importante que nos deja un torneo de esta magnitud no es el resultado en la cancha, sino la evidencia de que los seres humanos necesitamos causas comunes que nos hagan movernos. Buscamos símbolos que nos unan, historias que nos inspiren y proyectos que nos recuerden que nadie gana solo.
La pregunta, entonces, no es si debemos dejar de emocionarnos por el fútbol. Al contrario, esa capacidad de emocionarnos es una de nuestras mayores fortalezas como sociedad. La pregunta es si seremos capaces de extender esa misma pasión hacia aquello que ocurre cuando se apagan las pantallas.
¿Qué pasaría si el mismo entusiasmo con el que organizamos una reunión para ver un partido lo destináramos a participar como voluntarios en nuestra comunidad? ¿Si la misma conversación que hoy dedicamos a las alineaciones se convirtiera, de vez en cuando, en una plática sobre cómo construir barrios más seguros, escuelas más fuertes o comunidades más solidarias? ¿Si el orgullo de vestir una camiseta también se reflejara en el compromiso cotidiano por cuidar el país que esa camiseta representa?
No se trata de sustituir unas causas por otras. Se trata de comprender que el sentido de comunidad que hoy celebramos puede convertirse en una fuerza transformadora mucho más duradera.
En la Universidad Iberoamericana León creemos precisamente en eso: en una ciudadanía que no permanece como espectadora de la realidad, sino que decide involucrarse, tender puentes y asumir la corresponsabilidad de construir una sociedad más justa. Cada proyecto de servicio, cada investigación con impacto social, cada alianza con organizaciones y cada estudiante que decide poner su talento al servicio de las y los demás, son recordatorios de que el verdadero cambio comienza cuando dejamos de preguntar quién resolverá los problemas y empezamos a preguntarnos cuál será nuestra participación.
Después del Mundial volverán las rutinas, las noticias dejarán de hablar de partidos y volverán a recordarnos los pendientes del país, ojalá que también permanezca algo más: que permanezca la certeza de que, cuando una sociedad decide caminar unida, es capaz de lograr mucho más que una victoria deportiva.
Y que el mejor campeonato que podemos aspirar a ganar es el de construir un México donde nadie tenga que buscar solo a un hijo, una hija, un padre o una madre; donde la solidaridad no sea una emoción pasajera, sino una forma permanente de vivir en comunidad.
Porque los grandes partidos duran noventa minutos, pero las grandes causas nos necesitan todos los días.
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7 de julio
Publicación de calificaciones finales y faltas
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Entrega de resultados de solicitud de becas
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13 al 15 de julio
Inscripciones de reingreso
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Publicación de grupos cancelados
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16 y 17 de julio
Ceremonia de terminación de estudios
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20 al 31 de julio
Descanso obligatorio




