Dieta de la milpa: salud, tradición y sostenibilidad

Dieta de la milpa: salud, tradición y sostenibilidad

Ana Paula Aguilar Ibarra

Estudiante de Nutrición y Ciencias de los Alimentos

Durante septiembre, la comida mexicana adquiere un mayor protagonismo en nuestras mesas. Más allá de los platillos típicos de las celebraciones patrias, este mes también es una oportunidad para reconocer la riqueza de nuestra alimentación tradicional, caracterizada por alimentos como maíz, frijol, chile y calabaza (Valerino-Perea et al., 2019). 

Dentro de esta tradición encontramos la dieta de la milpa, un patrón alimentario que surge de un sistema agrícola mesoamericano en el que el maíz constituye el cultivo principal y convive con frijol, calabaza, chile y otras especies que varían de acuerdo con la región. A partir de estos alimentos se construye una alimentación que también puede incluir nopales, quelites, jitomate, frutas y semillas (Valerino-Perea et al., 2019). 

 En un contexto en el que comer saludable puede parecer complicado o costoso, volver la mirada hacia nuestros alimentos tradicionales resulta especialmente relevante. La dieta de la milpa nos recuerda que una alimentación nutritiva no necesariamente depende de productos especializados o importados: muchos alimentos que forman parte de nuestra cultura pueden contribuir a construir una alimentación equilibrada. 

Un ejemplo sencillo es una comida compuesta por tortillas de maíz, frijoles, calabacitas o nopales y una salsa preparada con jitomate y chile. Además de ser alimentos culturalmente familiares, la combinación de cereales, leguminosas y verduras permite incorporar proteína vegetal, fibra, vitaminas y minerales. Por ello, comer saludable no tiene por qué significar dejar de comer mexicano; recuperar preparaciones tradicionales y dar mayor protagonismo a alimentos frescos o mínimamente procesados puede ser una estrategia práctica para mejorar nuestra alimentación (Valerino-Perea et al., 2019). 

Otra de sus ventajas es la accesibilidad. Alimentos como frijol, lenteja, maíz, tortilla, calabaza, nopales, frutas y verduras de temporada pueden incorporarse en preparaciones sencillas y económicas. Esto resulta especialmente importante ante la percepción de que llevar una alimentación saludable necesariamente implica gastar más. De hecho, un análisis basado en las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana estimó que seguir un patrón acorde con estas recomendaciones podría reducir aproximadamente 21 % el costo de la dieta en comparación con el patrón de consumo actual de la población mexicana (Marrón-Ponce et al., 2024). 

La dieta de la milpa también permite hablar de sostenibilidad. La milpa es un sistema de policultivo en el que diferentes especies crecen de manera conjunta, favoreciendo la diversidad de cultivos y el aprovechamiento de alimentos locales. Desde la alimentación, priorizar leguminosas, verduras, frutas, cereales y productos de temporada también coincide con las recomendaciones actuales para avanzar hacia patrones alimentarios con un menor impacto ambiental. 

Retomar estos principios no significa reproducir exactamente la alimentación de nuestros antepasados ni excluir otros grupos de alimentos. Se trata de reconocer el valor de lo que tenemos a nuestro alcance: consumir con mayor frecuencia leguminosas, verduras y frutas, aprovechar productos locales y de temporada y preferir alimentos frescos o mínimamente procesados. Este septiembre, además de celebrar nuestra gastronomía, podemos recordar que parte de lo que necesitamos para comer mejor ya está en nuestra mesa. 

 Referencias

  • Marrón-Ponce, J. A., et al. (2024). [Referencia completa del artículo sobre costos e impactos ambientales de las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana]. Nature Food. 
  • Valerino-Perea, S., Lara-Castor, L., Armstrong, M. E. G., & Papadaki, A. (2019). Definition of the traditional Mexican diet and its role in health: A systematic review. Nutrients, 11(11), 2803. https://doi.org/10.3390/nu11112803 

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  • 21 al 25 de septiembre

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  • 28 de septiembre

    Fecha límite de captura de calificaciones parciales y faltas

  • 29 de septiembre

    Publicación de calificaciones parciales y faltas